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Tu apoyo puede hacer la diferencia, te invitamos a manifestar tu gratitud y reciprocidad con las naciones indígenas y su sabiduría ancestral, por todo el amor y la generosidad con la que han cuidado de nosotros y del planeta… ¡Es tiempo de agradecerles y apoyarles!

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Guardianes de Sabiduría

Surge para honrar el deseo de abuelos y abuelas indígenas de diversas comunidades nativas de Colombia, de que su legado no se pierda y quede registrado en piezas audiovisuales para su gente y para quien quiera escuchar y abrir su corazón a una sabiduría tan antigua como la humanidad misma. Asimismo, surge de nuestro deseo de celebrar la diversidad étnica y cultural de Colombia, nuestra gratitud con las comunidades indígenas por cuidar la naturaleza, recordarnos que todo lo que existe tiene espíritu, es sagrado y está interconectado.

Guardianes de Sabiduría es más que un proyecto: es un tejido, una co-creación, es un propósito de vida.

Nuestro propósito es apoyar la preservación de la identidad cultural y espiritual y de los saberes ancestrales de comunidades indígenas en Colombia y ser una plataforma para que esos saberes puedan inspirarnos como humanidad a reconectar con nuestra esencia, a reconectar con lo sagrado.

Reconocemos el poder transformador e inspirador del producto audiovisual y la posibilidad que brinda de llegar a muchas personas en los más diversos lugares. Por ello vamos a realizar una serie de 6 documentales que permitan registrar aspectos de la cosmovisión, la identidad cultural y los saberes ancestrales de varias comunidades indígenas de Colombia.

Como humanidad estamos en un momento decisivo de nuestra evolución, nunca antes habíamos logrado tantos avances tecnológicos que han transformado nuestra forma de vivir e inclusive de relacionarnos unos con otros; paradójicamente nunca antes habíamos contaminado y destruido la naturaleza de la forma en que lo estamos haciendo, ni habíamos sufrido tanto estrés, ansiedad y depresión.

Pareciera que en algún punto del camino perdimos el rumbo, nos desconectamos de nosotros mismos, de nuestra esencia, de lo sagrado y empezamos a buscar afuera algo que le diera sentido a nuestras vidas y nos fuimos alejando de nosotros mismos, de nuestro corazón.

Y es precisamente en este punto de quiebre, en este tiempo de profundas transformaciones que se hace necesario volver nuestra mirada, direccionar la atención a todo aquello que nos inspire, que nos muestre que sí es posible vivir en armonía con todo lo que nos rodea y cómo reconectar con el verdadero sentido de la vida.

Aún hoy en día, en pleno siglo XXI, en la era de la computación cuántica y la nanotecnología, a pesar de siglos de persecución, colonización cultural y espiritual, existen culturas indígenas que mantienen su forma de vida tradicional, preservan el conocimiento y la sabiduría que les ha permitido comprender las leyes de la naturaleza y vivir en armonía con su entorno.   

Tan importante es para el bienestar del planeta y sus siete mil millones de habitantes el entramado de vida biológica, conocido como biósfera, como lo es la urdiembre de culturas con sus diversas manifestaciones sociales, artísticas, intelectuales y espirituales, a la cual podríamos referirnos como “etnósfera”.  Para el  famoso antropólogo y explorador residente de la National Geografic Society, Wade Davis,  la  etnósfera  es “la suma  total  de  pensamientos  e  intuiciones,  mitos   y creencias, ideas e inspiraciones a los cuales ha dado vida la imaginación del hombre desde los inicios de la humanidad. Es el producto de nuestros sueños, la encarnación de nuestras esperanzas, el símbolo de todo lo que somos y de todo aquello que hemos creado, gracias a la asombrosa capacidad de adaptación de nuestra especie.”

Esta etnósfera está siendo degradada en una forma aún más sistemática y voraz, que la biosfera; está en riesgo un vasto archivo de conocimientos y destrezas que ha sido salvaguardado por  guardianes de sabiduría desde los albores mismos de la humanidad,  el más preciado patrimonio inmaterial que podemos dejar a las futuras generaciones y que guarda elementos claves para nuestra sobrevivencia como especie.

Los mayores de las comunidades indígenas realizan su silenciosa labor sin esperar nada a cambio, conscientes de lo que corresponde hacer. Desde las profundidades de las selvas y las altas montañas de Colombia, dedican sus vidas a preservar sus culturas ancestrales y a realizar ceremonias de agradecimiento a la madre tierra, para restablecer el orden natural del universo, la armonía y el equilibrio de quienes habitamos este planeta.

Son guardianes de la naturaleza, viven de acuerdo con sus ciclos, interpretan sus lenguajes y se comunican con el mundo de los espíritus, conocen los secretos de las plantas medicinales, a través de su canto curan. Son los últimos bastiones de una forma de vida milenaria.

Nos recuerdan que la naturaleza no es para nosotros, que es parte nuestra y que somos parte de ella. La naturaleza y todos los seres que la habitan son parte de nuestra familia en el mundo. Nos recuerdan también que todo lo que existe tiene espíritu, es sagrado y que todo está interconectado entre sí. De esta manera, lo que le hacemos a los demás y a la naturaleza, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

La gran mayoría de los pueblos indígenas vive en situaciones de abandono y exclusión por parte del estado, enfrentando graves amenazas como la destrucción de su hábitat natural y sitios sagrados, el desplazamiento forzado de sus territorios ancestrales como consecuencia del conflicto armado, la expansión de la frontera agrícola, de los cultivos ilícitos, la minería y los megaproyectos, que ponen en peligro su sobrevivencia física, territorial, cultural y espiritual.

Las comunidades indígenas tienen poco apoyo nacional e internacional para sostener los procesos de fortalecimiento de su identidad y para la transmisión de los valores culturales y espirituales, así como su conocimiento ancestral, que los hace únicos e irremplazables en el mundo.

Colombia es un país privilegiado, nuestra riqueza, está en nuestra gran biodiversidad y en ser un país pluriétnico y multicultural.

De acuerdo con el DANE, por lo menos 87 pueblos indígenas habitan nuestro territorio y según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Colombia es el segundo país con mayor número de pueblos indígenas de América Latina

En un mundo global e interdependiente que intenta homogeneizar las costumbres y tradiciones, imponer creencias y modelos económicos, resulta esperanzador saber que existen otras maneras de pensar e interactuar con el planeta.

La UNESCO, en su declaración universal sobre diversidad cultural del 2001 sostiene que: “La diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras.”

Por más de 12 años la Fundación Aluna ha estado compartiendo y aprendiendo con diversas comunidades indígenas de América y en ese compartir se han tejido relaciones de amistad y confianza que nos han permitido acompañar a estas comunidades en su intimidad, reconociendo la riqueza de su cultura, su belleza y sabiduría. Siendo inspirados por su profundo respeto por la naturaleza.

Esta cercanía nos ha permitido acompañar procesos de preservación de la sabiduría ancestral de algunos de estos pueblos milenarios y ser testigos de los retos que enfrentan para garantizar su sobrevivencia cultural y espiritual.

A muchos abuelos y abuelas indígenas les genera una gran tristeza no tener a quién transmitirle sus conocimientos y sabiduría. Con inmensa preocupación ven como una posibilidad real la desaparición de su lengua materna, cultura e identidad como indígenas. A través de los años los hemos visto morir y con ellos desaparecer un incalculable legado cultural y espiritual, un verdadero patrimonio inmaterial para la humanidad.  Muchos abuelos y abuelas nos han expresado su deseo de dejar su legado, para que cuando ya no estén sus palabras, cantos, bailes, conocimiento y sabiduría sigan inspirando a su gente y a quienes quieran escuchar.

Reconocemos el poder transformador e inspirador del campo audiovisual y la posibilidad que brinda de llegar a muchas personas en los más diversos lugares. Por ello vamos a realizar una serie de 6 documentales que permitan registrar diversos aspectos de la cosmovisión, la identidad cultural y los saberes ancestrales de varias comunidades indígenas de Colombia, con la intención que sean parte de una videografía que permita preservar parte del legado de estas culturas ancestrales, de su historia, que también es la nuestra y que envíen un mensaje al mundo que lo inspire a recordar o reconocer que sí es posible vivir de una forma más consciente y respetuosa con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea.

Durante el desarrollo de Guardianes de Sabiduría nos proponemos:

  • Desarrollar  un proceso de investigación y documentación escrita y audiovisual de la diversidad étnica y la riqueza cultural y espiritual de las comunidades indígenas de Colombia.
  • Diseñar e implementar estrategias para la difusión de los productos audiovisuales y textuales.  
  • Apoyar procesos de educación propia que aporten a la preservación de la identidad cultural y espiritual y de los saberes propios de pueblos indígenas de Colombia.

El primer documental que vamos a realizar tiene como propósito mostrar la presencia de lo sagrado en algunas comunidades indígenas de Colombia, cómo se evidencia en su forma de ser en el mundo, en la manera en que viven y en las relaciones que establecen entre ellos, con los demás seres que los rodean y con la naturaleza. Y cómo a través de sus prácticas culturales y rituales le dan un profundo sentido a su existencia y viven su vida con consciencia y plenitud.

Harán parte de este documental comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, el Valle del Sibundoy, el bajo Putumayo y de las Selvas del Pacífico.

Esperamos que esta pieza audiovisual inspire a reconectar con la sacralidad de la vida, más allá de las religiones y los dogmas; desde esa reconexión abrir la posibilidad para darle un sentido más profundo a la manera en que vivimos.

Tu apoyo es fundamental para volver este sueño una realidad, puedes apoyar:

  1. Donando dinero.
  2. Contándole a tu familia y amigos e invitándolos a ser parte de este proyecto.
  3. Compartiendo nuestra información en las redes sociales.
  4. Interesándote por saber sobre las culturas ancestrales que viven cerca de ti o en cualquier lugar del mundo.
  5. Difundiendo sus mensajes y su sabiduría.
  6. Visibilizando las amenazas que enfrentan.

Realizar este primer documental durante un periodo de seis meses tiene un costo de noventa millones de pesos colombianos ($90.000.000), que serán invertidos de la siguiente manera:

  • Preproducción:  $15.000.000

    Etapa de investigación: nos permitirá lograr la profundidad que deseamos en la pieza audiovisual que se va a desarrollar. En esta etapa se elabora el guion, se diseña la producción, se reconocen rutas, locaciones, personajes principales, secundarios y se planea toda la logística para la producción.

  • Producción: $45.000.000

    Rodaje: nos vamos con todo el equipo a recorrer zonas hermosas y exóticas de la geografía colombiana. Es la etapa en donde se registra la magia.  

    Dada la riqueza de las lenguas de las comunidades indígenas protagonistas de este documental y reconociendo que cada una comprende un universo simbólico, una forma única e irrepetible de narrar el mundo, tendremos un acercamiento desde la antropología sonora que nos permita ir develando los diferentes paisajes sonoros de las selvas y las montañas colombianas de las comunidades originarias que allí habitan desde tiempos inmemoriales.

    El canto, la danza, la música y las diversas manifestaciones culturales llenas de carga simbólica, color, ritmo y sentido, que nos permiten revelar la particularidad en las formas de ser en el mundo, de habitarlo y de relacionarse con él desde el territorio, son una parte fundamental de este documental.

    Nuestra mirada está sintonizada con la magia del cine verité, en donde se deja que fluyan las cosas, interviniendo lo menos posible, procurando la intimidad de los momentos en los que la comunidad se revela a sí misma.

  • Postproducción: $30.000.000

    Esta es la etapa en donde la tecnología y la maestría de quienes están detrás de los equipos nos ayudan a que el documental quede como una obra de arte.  Desde la visualización, el pietaje del material y el montaje, hasta el diseño del paquete gráfico, la post de sonido, la musicalización, la post de color y las pruebas en salas de cine, televisión e internet.

    El documental será grabado con tecnología 4K y va a tener una estética cinematográfica. Será traducido al idioma inglés inicialmente.

Tendremos un equipo de expertos realizadores audiovisuales, con amplia experiencia en documentales y gran sensibilidad para el trabajo en comunidades, con reconocimientos nacionales e internacionales. Este equipo ha realizado proyectos audiovisuales para Discovery Chanel, canal Deutsche Welle, Señal Colombia y Canal Encuentro de Argentina. 

El equipo estará liderado por Juan Felipe Robledo, codirector de la Fundación Aluna, investigador y aprendiz de saberes ancestrales, quien lleva más de 15 años acompañando procesos de preservación de saberes ancestrales y aprendiendo con abuelos y abuelas de diversas comunidades indígenas.

Honramos la belleza, la abundancia y la diversidad de la vida en todo el esplendor de su manifestación y agradecemos profundamente la bendición y el privilegio de estar vivos y ser los llamados a despertar nuestra consciencia y hacer parte de una nueva humanidad.

Y en el amanecer de este nuevo tiempo, reconocemos la importancia de apoyar a quienes han estado silenciosamente, desde tiempos inmemoriales sosteniendo el orden natural de las cosas, manteniendo el balance.